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Es
serena
madrugada,
duermo
en un
sueño
profundo,
no
existe
nada en
el mundo
que
me aleje
de mi
almohada,
Giro,
sueño,
me
acomodo,
gozo
el
placer
del
descanso,
como
en un
dulce
remanso
el
dormir
lo cura
todo.
De
repente,
en un
instante
sin
esperar
mi
permiso,
se
me
aparece
el
petiso
que
yo llamo
el
visitante.
Calentito,
suave,
tierno
se
me
acurruca
en el
pecho
y
somos
tres en
el
lecho,
sea
verano o
invierno.
Tengo
un
amante
nocturno
y
ya no
puedo
evitarlo;
me
quejo,
trato de
echarlo
más
la queja
es un
absurdo.
Porque
a la
noche
siguiente
tendré
otra vez
su
visita,
y
como soy
su
mamita...
¡No
importa
que
hable la
gente!
Autor:
Marta
S. Pizzo
de Sinisi
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