Adoptar implica elaborar dos puntos clave que permiten incorporar esta
realidad con todas sus particularidades.
En primera instancia, todo papá adoptivo debe elaborar la idea de que los papás biológicos han sido otros. Esto implica aceptar la falta de parecidos físicos con el hijo, y por otra parte, convivir con la fantasía temerosa de que aparezcan los papás biológicos.
El otro punto fundamental lleva implícito el asumir la idea de que se es
realmente padre de ese niño y que dicha realidad acredita derechos y deberes
que como tal posee.
Con la adopción del bebé, este proceso evolutivo se ve facilitado por el hecho de que su reciente existencia ayuda a moldear su estilo y personalidad
según la estructura familiar adoptiva y así se lo puede incorporar mas
rápidamente como hijo con todas las letras.
El proceso por el que este niño pasa a formar parte de la familia tiene que ver con el sentimiento de amor, y también con lo que llamamos juicio de
atribución, esto es, el comenzar a suponerle rasgos y otros indicadores
que pueden caracterizarlo como un hijo propio. Esto se ve, por ejemplo,
cuando se dice:-Es tan astuto como su papá.
Algunos indicadores sociales ayudan en este proceso: el dar el apellido
(prolongación de sí mismo en la descendencia), el legado de los objetos (por ejemplo: el collar que usaba la abuela materna), la integración a ritos
familiares (como el bautismo, entre otros).
Este hijo adoptivo será tan hijo como cualquier otro si los papás entienden que, paradójicamente, por no ser como cualquier otro deben procesar
psicológicamente las particularidades de su circunstancia.
Llegada esta instancia, lo que resta es disfrutar de ese maravilloso estado
duradero que es la paternidad.
Lic. Gustavo Rymberg
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