Se denomina embarazo ectópico o extrauterino a aquel embarazo cuyo huevo se implanta fuera de la cavidad de la matriz o útero, mejor dicho, toda vez que el óvulo fecundado se implanta en otro lugar que no sea el endometrio, la membrana interna que recubre la matriz, y que es la única adecuada para que el fruto de la concepción llegue a feliz término. En otros sitios su destino es incierto, ya que excepcionalmente podrá completar su desarrollo.
Por suerte esta patología del embarazo no es muy frecuente. Su incidencia, en relación a los embarazos normales es de 1 cada 300.
Por el lugar donde se localizan se los puede clasificar en embarazos ectópicos tubáricos (trompa de Falopio), ováricos, abdominales, cervicales (cuello uterino) o intraligamentarios. La incidencia casi exclusiva es la del embarazo ectópico tubárico (95%) por lo que se utilizará a éste como modelo para el desarrollo de este artículo. Las otras localizaciones son excepcionales.
También se los clasifica por su forma clínica o estado evolutivo en no complicados o en complicados. En el primero el órgano que contiene al embarazo está íntegro, mientras que en el segundo se ha producido la rotura de dicho órgano y el estado general de la madre está gravemente comprometido.
Los embarazos ectópicos se producen por diversas causas. La mayoría son causas que comprometen al itinerario ovular. Sabido es que el espermatozoide penetra en el óvulo a nivel de las trompas de Falopio, y que desde allí, lo que ya es denominado huevo, migra hacia el endometrio, donde anidará durante 9 meses para que el bebé se desarrolle. Cuando esta migración es alterada, se produce un embarazo fuera de lugar.
Estas causas pueden ser falta de desarrollo de las trompas, divertículos de las mismas, alteraciones en el peristaltismo normal de las trompas y la alteración de las cilias, que son como pelitos que tienen las células y que ayudan a la migración ovular, pero la causa más importante es la infección.
La infección de las trompas produce un estrechamiento de su luz, o directamente una adherencia entre las paredes internas de la trompa. Las deja rígidas, alterando su movilidad y la peristaltismo antes mencionado. También disminuye o elimina a las cilias. Es muy importante tratar a tiempo las infecciones de la trompa, para evitar esta complicación. Este tipo de infecciones es conocido como enfermedad inflamatoria de la pelvis o EPI.
Producido el implante del huevo en la trompa, lugar muy inadecuado para su desarrollo, lo más común es la interrupción del embarazo. Esto puede darse porque el huevo se reabsorbe, especialmente si el embarazo se interrumpe muy precozmente. Puede suceder que ocurra lo que se llama el aborto tubario, los elementos del embarazo son expulsados en forma parcial o total de la trompa hacia el peritoneo pelviano o abdominal.
Generalmente ahí interrumpen su desarrollo y también son reabsorbidos. Excepcionalmente puede darse que el embarazo continúe su desarrollo en ese lugar. A esto se lo llama embarazo ectópico secundario. Alguno de estos embarazos podrían llegar a término. En este caso el nacimiento se produce por cesárea, y el bebé tendrá complicaciones por haberse desarrollado fuera del útero.
Lo más frecuente es que las paredes de la trompa, ante la invasión del tejido que formará la placenta y el crecimiento del huevo, se fisuren o se rompan, configurando así un embarazo ectópico complicado.
El embarazo ectópico no complicado no da síntomas. La mujer va a concurrir al médico por el atraso menstrual; porque piensa que está embarazada. La falta de un crecimiento uterino adecuado, la palpación por el tacto vaginal de una trompa más engrosada, permiten sospechar la presencia de un embarazo tubárico. Una prueba de laboratorio que certifique el embarazo, y una ecografía que nos muestra un útero vacío, nos va a dar la pauta que hay un embarazo fuera de lugar. Más aún si se observan en la trompa imágenes quísticas en su interior, y su aumento de tamaño. Continuará
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