Los Fibromas son un motivo de consulta muy frecuente en un consultorio ginecológico. El nombre correcto y que usamos los médicos para designar esta patología es Mioma, aunque el término fibroma sea quizás más descriptivo.
Se trata de un tumor benigno, esencialmente compuesto por fibras musculares lisas y por una proporción variable de tejido conjuntivo o fibras. Lo de mioma se refiere al tejido muscular y lo de fibromas al tejido conjuntivo.
De todos los tumores del aparato genital femenino es el tumor más frecuente. Su incidencia, según algunos, es de un 2.5%, y va variando su cálculo de acuerdo a diferentes autores, hasta un 20%. Esta diferencia en el cálculo de su incidencia se debe a que la mayoría de las veces es una patología que transcurre en forma silenciosa, sin dar ningún tipo se síntomas.
Se origina a partir de las fibras musculares lisas que componen la capa media del útero, y no se conocen con exactitud los factores que inducen a su desarrollo. Se piensa en que puede deberse a un estímulo de las hormonas femeninas llamadas estrógenos, pero esto no está del todo probado.
La capa media del útero es esencialmente muscular. El útero tiene 3 capas. La más interior es la que tapiza su cavidad, y se la llama endometrio. Es la capa que sangra cuando se produce la menstruación, o donde anida el huevo fecundado cuando ocurre un embarazo, para que en su seno se desarrolle. La capa más externa es una membrana serosa. La capa media, como ya está dicho, es muscular. Este músculo es el que produce las contracciones en el momento del parto.
La capa media del útero es bastante gruesa y es en ella donde, como ya está dicho, crecen los miomas. De acuerdo a como se ubiquen en esta capa, se los va a llamar miomas submucosos, si están cerca del endometrio, miomas intramurales si se ubican por la mitad de la capa muscular del útero, y subserosos si están cerca de la capa más externa del útero.
El mioma es un tumor duro, y si lo cortamos veremos que tiene un color blanco rosado a gris, con vetas nacaradas.
Los miomas pueden aparecer a cualquier edad, pero lo más habitual es que lo hagan entre los 35 y 45 años. Son muy raros antes de los 20 años. Sus principales síntomas son las alteraciones menstruales, aumentando o prolongando la cantidad de sangrado; o produciendo sangrado fuera de la menstruación. Si alcanza un tamaño suficiente, se podría notar aumento de tamaño del abdomen, y puede comprimir órganos vecinos, como la vejiga, dando entonces síntomas urinarios como deseos de orinar más frecuentes, o comprimir al recto, venas de la pelvis, vasos linfáticos o nervios de esa zona, produciendo entonces constipación, edemas, várices o dolor en las piernas.
El mioma habitualmente no duele, por lo que si la mujer que lo padece experimenta dolor, los médicos deberán pensar en una complicación de dicho mioma. Si la hemorragia, el síntoma principal de la miomatosis uterina, es intensa, puede llegar a haber manifestaciones de anemia.
Para hacer el diagnóstico de esta patología los médicos nos valemos de una serie de elementos. El primero es escuchar lo que la paciente nos cuenta; por lo general se trata de trastornos en el sangrado genital, en el sentido de aumento en la frecuencia o en la cantidad del sangrado. Palpando el abdomen, tal vez se pueda tocar el tumor, en la zona donde habitualmente está el útero. El tacto vaginal generalmente permite hacer el diagnóstico, dado que se percibe al útero aumentado de tamaño y de consistencia, y con su forma alterada. Continuará...
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